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Esta reseña ha sido consultada veces desde de 26 de Enero de 2005.

 
Minzi, Viviana (2004) Vamos que venimos

Minzi, Viviana (2004) Vamos que venimos. Guía para la organización de grupos juveniles de trabajo comunitario. Argentina, Editorial Stella – La Crujía ediciones.

 

152 páginas.

ISBN987-1004-53-2

 

Reseñado por David Burin

26 de Enero de 2005

 

Este libro representa un aporte interesante para fortalecer el trabajo de constitución y organización de grupos juveniles que se interesen por desarrollar proyectos de trabajo social, brindando también herramientas para la planificación de dichos proyectos.

Se puede caracterizar a este libro como un manual, ya que avanza de modo simultáneo con breves aportes conceptuales sobre los temas que presenta y con actividades concretas que los grupos juveniles pueden desarrollar para comprender mejor estos conceptos y para aplicarlos en la vida cotidiana del trabajo personal y grupal.

El manual está dividido en cuatro capítulos, cada uno de los cuales aborda un tema diferente, en una cierta progresión de lo particular a lo general y de las vivencias más conocidas o cercanas a una serie de propuestas más complejas o lejanas de la propia experiencia previa.

Para comenzar, es necesario destacar que la selección de actividades propuestas en este libro es coherente, efectiva y original, más allá de algunos aspectos que se analizan en detalle más adelante, y que pretenden aportar elementos para que, en caso de decidirse realizar una segunda edición de este material, o una edición que continúe con esta línea de trabajo, puedan tenerse en cuenta. Una nota general de precaución es que a algunas de las actividades planteadas les falta aclarar el sentido o la función que tendrían en el proceso grupal. Así como se presenta hoy el texto pareciera que tiende hacia un cierto activismo (la actividad por la actividad misma) al no hacerse explícito este sentido. Explicitar los propósitos de cada actividad, facilitaría a los grupos decidir si dicha actividad es necesaria o superflua por no adecuarse al momento del propio proceso. También creo que sería más rico el material si incluyera más advertencias acerca de lo que podría ocurrir en las dinámicas que se plantea realizar, recuperando experiencias de otros grupos donde se hubieren aplicado.

El primer capítulo tiene como objetivo que cada joven participante profundice sobre el conocimiento del self, de sí mismo, buceando tanto en la historia personal, como en las características de personalidad de cada uno. La autora propone realizar este trabajo introspectivo de manera individual en primera instancia, para luego volcarlo en el marco de actividades grupales, de modo tal que al mismo tiempo sirva para un mayor conocimiento entre los integrantes del grupo.

El segundo capítulo propone un análisis crítico de lo que significa “ser joven” hoy en la Argentina. Se proponen diferentes actividades de análisis y debate acerca de las características generales de los jóvenes como grupo particular tanto como de las diferencias que existen dentro de este grupo etáreo según origen sociocultural, género y nivel educativo. Se propone hacer este análisis de los distintos aspectos que definen la identidad de los jóvenes desde el propio punto de vista de los actores juveniles, y desde las representaciones sociales que los adultos y los medios de comunicación tienen y difunden sobre la juventud (cómo se ven los mismos jóvenes y cómo son mirados por la sociedad). Este análisis crítico de los mitos y estereotipos –positivos y negativos– tiene como objetivo central poner en discusión las causas de los conflictos de comunicación que se generan dentro de los grupos juveniles, entre los distintos grupos y entre los jóvenes y la sociedad adulta.

El tercer capítulo aborda la problemática de la conformación y sostenimiento de los grupos de trabajo –a mi gusto infortunadamente denominados por la autora como “grupos de tarea”, ya que esa era la denominación que se daban las bandas parapoliciales en los años de plomo en Argentina–. Entre otros se propone analizar los diferentes tipos de grupos que hay (primarios y secundarios), los procesos de conformación de la identidad grupal, la generación de un sistema de normas interno, las actitudes que facilitan y obstaculizan y los roles que deben definirse dentro del grupo, los modelos de liderazgo que se dan en los hechos, los conflictos y cómo se resuelven según las modalidades que adquiere la comunicación interna y cómo inciden en esos conflictos las escalas de valores personales, grupales y que se manifiestan en el contexto social donde el grupo está inserto. Finaliza el capítulo abordando un análisis de los intereses acerca de las problemáticas sociales que tendrían los integrantes del grupo, como puente hacia el último capítulo que brinda herramientas para diseñar y poner en marcha un proyecto.

El cuarto y último capítulo desarrolla los pasos sucesivos que se deben dar para diseñar y ejecutar un proyecto social: diagnóstico, planificación, ejecución y evaluación. Comienza con un muestreo de diferentes técnicas de diagnóstico: análisis del contexto, cuestionarios con aspectos a responder, mapeos y descripciones de diferentes tipos de comunidades y luego de la propia, herramientas de investigación cualitativa como entrevistas, observaciones participantes y no participantes y recopilación de datos, encuestas a realizar entre los mismos participantes para la elaboración de posibles entrevistas o encuestas de un carácter más masivo, etc.. Luego de un par de actividades de motivación o inmersión en el tema de la planificación, se plantean las preguntas clave que deben hacerse para formular (planificar) un proyecto de implementación: qué se quiere hacer, por qué, para qué, cuánto (metas), dónde, cuándo, cómo, a quiénes va dirigido el proyecto, quiénes lo van a hacer y con qué recursos y los criterios para evaluar la formulación (que sea viable, flexible, organizado en etapas, coherente, etc.). Luego de estas reuniones de planificación general, se propone realizar algunas actividades para definir aspectos más específicos:la forma en que se va a organizar el grupo y qué roles va a asumir cada uno (analizar los pefiles de cada integrantes y asignar roles u optar por la rotación entre los roles), un análisis más preciso de los recursos necesarios y de quiénes los van a aportar o cómo se van a gestionar,las formas en que se va a establecer la comunicación con todos los que van a participar del proyecto y con la comunidad en general, tanto al anunciar el proyecto como luego de iniciado y en la gestión de recursos y alianzas con otros actores.

Para terminar este capítulo se proponen técnicas de evaluación de distintos aspectos del proyecto e incluso la organización de un evento de celebración por la culminación del mismo. El libro termina con una ficha para su propia evaluación como material didáctico.

En cuanto a la organización general del libro, la misma es muy efectiva ya que cada capítulo presenta cierta autonomía conceptual y práctica para su implementación. Es de notar, sin embargo, que no es clara la diferenciación entre contenidos conceptuales y propuestas de actividades, siendo que lo conceptual se presenta al iniciar cada capítulo pero también se incluyen fragmentos conceptuales dentro de algunas actividades. Esto a veces resulta algo confuso.

Una pregunta que surge al leer este manual se refiere a la caracterización de los destinatarios del mismo. En la introducción se expresa una suerte de convocatoria general a “grupos juveniles”, si bien no se aclara qué tipo de grupos juveniles tiene la autora en mente al proponer las actividades. Al caracterizar la acción comunitaria a la que estos grupos juveniles deberían abocarse, de hecho deja afuera a aquellos grupos espontáneos, no institucionalizados, ya que define a la misma por la negativa planteando: “la acción comunitaria no es simplemente “hacer algo” en el barrio, localidad o ciudad. El trabajo requiere reflexión, investigación, planificación, evaluación y mucha creatividad”. Luego sigue planteando: “ el trabajo solidario no se limita a dar una ayuda momentánea frente a una necesidad puntual. Apunta a solucionar problemas de fondo…”. Esto hace que muchos grupos que pueden desarrollar acciones solidarias, pero puntuales y sin plantearse objetivos de largo plazo, no queden incluidos dentro de los destinatarios, lo cual representa una limitación.

Otro recorte en los destinatarios se da de hecho por el tipo de actividades propuestas, ya que la inmensa mayoría de ellas implican leer y escribir con cierta rapidez y precisión y poder realizar procesos de pensamiento complejos (analizar y relacionar datos, definir objetivos, roles, presupuestos, etc.). Solamente se aprecia una actividad plástica (realizar un collage) para el momento de definir la propia personalidad (Autorretrato, pág. 28), un par de dinámicas participativas a realizar con el cuerpo (Muñeco de trapo, pág 95 para trabajar sobre los valores; Zapatero a tus zapatos, pág 128, para sensibilizarse sobre la problemática de la planificación y la organización) y un par de actividades de debate donde sólo se necesita de la expresión oral (Reyes Magos, pág 96, para trabajar sobre el tema de los deseos personales y los valores y Jóvenes de película, pág 41, donde se propone una suerte de cine-debate, si bien la consigna no es precisa en cuanto a la forma de concretarlo ya que plantea “ensayar una crítica de espectáculos comparando las situaciones de esos filmes con la realidad propia”). Esta necesidad de escribir y leer se refuerza con el ícono que acompaña la descripción de cada actividad: una mano con un lápiz escribiendo y por lo tanto excluye como posibles participantes a jóvenes que se integren en grupos en contextos donde la lectoescritura no es una de las formas más usadas de intercambio, comunicación o forma de establecer trabajo grupal entre los jóvenes. Uno podría inferir que el universo de jóvenes destinatario se encontraría dentro de los jóvenes escolarizados, teniendo también en cuenta la frecuencia con que aparecen sugerencias relacionadas con invitar a un/a profesor/a de lengua, ciencias sociales, historia, etc..

Otro aspecto que tiene relación también con la definición de los destinatarios del libro se relaciona con la experiencia previa que debería tener quien implemente las consignas propuestas, experiencia que rara vez se podrá ver en un grupo juvenil. Expresamente, en el apartado inicial “El ABC… del material” se propone que el material tiene como objetivo ayudar a la autoorganización de los grupos. Se entiende, por lo tanto, que el libro no se dirige a un coordinador adulto, a docentes, o a personas que tengan experiencia en la coordinación de grupos o en educación popular. En ese mismo apartado se propone que se nombre coordinadores-encargados para cada actividad, rotando este rol entre los integrantes del mismo grupo. Desde esta perspectiva creo que faltaría incluir en el manual un capítulo referido expresamente a los criterios que debe tener cada coordinador al encargarse de preparar y poner en práctica una actividad. Sería al menos importante advertir que en muchas actividades es más importante el momento en que lo producido individual o grupalmente es recuperado y reelaborado o discutido por el plenario, que la primera instancia de elaboración individual o en subgrupos. En este sentido, faltan algunos conceptos básicos sobre el proceso de educación participativa y herramientas para coordinar los debates. Creo también que hubiera sido necesario incluso advertir en algunas actividades (Reportaje indiscreto, Autorretrato, A la Televisión, Dificultades en la comunicación, Decálogo, Al Don Pirulero, Espejito, Espejito, etc.) acerca de la conveniencia de convocar a un coordinador externo al grupo, en función de dos cuestiones problemáticas: la posibilidad de que se generen conflictos serios difíciles de superar a partir de la coordinación de la misma por alguien que no tenga capacidad de mediar –y siendo un par el que coordina, esta mediación resulta casi imposible de ser respetada–, y… el hecho de que al coordinar una actividad el joven que asume el rol de coordinador pierde la posibilidad de participar como uno más del colectivo, lo que puede implicar inhibirse de opinar en temas importantes para la vida del grupo como el código de convivencia, o la priorización de temas a los cuales el grupo se va a abocar.

La factibilidad de implementación de estas actividades, a partir de la información que se brinda, es otro aspecto que cabe considerar al reseñar este material. Creo que al menos es ingenuo pensar que con nombrar a alguien como coordinador de una actividad es suficiente para que la misma resulte efectiva. Teniendo en cuenta este marco de implementación (un grupo de jóvenes autoorganizado), estaría faltando en algunas actividades una serie de instrucciones operativas específicas para garantizar su implementación exitosa (por ejemplo, la necesidad de fotocopiar determinada planilla, repartirla antes de la instancia grupal, las formas en que se pueden sintetizar resultados, los métodos de coordinación de debates, la forma en que se deben registrar los aportes de cada participante e ir sintetizando cada tanto las posturas que se fueran presentando, etc.). Según la capacidad del joven que tenga a cargo la coordinación, es posible que algunas dinámicas generen más conflicto que organización.

A lo largo del manual hay numerosas indicaciones que dan por descartado que los jóvenes destinatarios entienden ciertos conceptos y saben cómo realizar determinadas acciones complejas (por ejemplo “escriban un guión radial”, “escriban un artículo periodístico”, “armen un organigrama”, “inviten a algunos miembros de la comunidad… para que delineen juntos el proyecto”). En estos casos faltan ejemplos concretos y consignas específicas para cumplir de manera adecuada la propuesta.  Al menos como alternativa posible, se podrían haber incluido citas bibliográficas en cada capítulo (o inclusive, en algunas actividades específicas) para que los responsables puedan profundizar acerca de estos conceptos o procedimientos en otras fuentes. Se entiende que es probable que la ausencia de estas aclaraciones o indicaciones que sugiero se deba a la decisión de no extender el texto más allá de lo mínimo necesario, decisión muy pertinente ya que garantiza un grado de accesibilidad importante.

Todo esto hubiera implicado un libro de mayor volumen, y por lo tanto la brevedad del texto podría evaluarse como una limitante del manual… Paradójicamente también puede ser evaluada como la principal virtud del libro, ya que la longitud del libro y el formato elegido evita ser una barrera de entrada, teniendo en cuenta la resistencia a la lectura que habitualmente tienen los jóvenes, a partir de estar inmersos en una cultura mediática con fuerte presencia del audiovisual, la interacción y la fragmentación de los mensajes. Además de la longitud, esta virtud – la accesibilidad– se logra a través del tratamiento gráfico elegido, ya que se han incluido diversas viñetas e ilustraciones, así como sistemas de íconos que le dan una función a los distintos fragmentos que componen cada actividad (descripción, sugerencia, opción, aclaración, etc.) facilitando la comprensión de las consignas para su implementación.

Este aspecto comunicacional creo que es uno de los atributos principales. Al terminar el libro uno se pregunta: ¿cómo hizo la autora para incluir tantos temas de modo tan sintético y en tan pocas páginas?

Si se hiciera una segunda edición, o si se pensara en trabajar esta línea de trabajo con continuidad en otros materiales, creo que podría ser interesante desagregar el libro en dos volúmenes diferentes, uno que tome como eje los dos primeros capítulos (los temas relacionados con la identidad individual y la identidad juvenil y del grupo), y otro que tome como eje la organización del grupo y la planificación de proyectos. De este modo, cada libro podría ampliarse un poco (incluyendo las sugerencias aquí planteadas) y al mismo tiempo conservar una extensión razonable. De hecho, una ventaja del libro es que se puede utilizar como un programa de trabajo integral de largo aliento o se puede tomar cada capítulo y desarrollarlo de manera autónoma, según el grado de consolidación y la historia grupal específica del grupo donde se utilice.

También son interesantes los links internos que se establecen entre actividades incluidas en los distintos capítulos para profundizar sobre un tema, y el planteo general de no respetar necesariamente la secuencia planteada para la realización de los ejercicios.

Más allá del objetivo explícito planteado (servir para la autoorganización de grupos juveniles) creo que este manual también es útil –en todo o en parte– para ser implementado por docentes adultos o coordinadores de grupos juveniles. A su vez, muchas de las actividades propuestas son factibles de ser aplicadas en colectivos de adultos (incluso sería algo necesario en más de un caso trabajar temas como la identidad personal y grupal en grupos heterogéneos de adultos).

Para finalizar la reseña creo que el de la participación juvenil es un tema crucial en la actualidad y, sea a través de experiencias autogestionarias, como dentro de ámbitos más institucionalizados, como dice Viviana Minzi “los jóvenes tienen compromiso con la democracia mucho antes de poder votar, y tienen muchas cosas por hacer”. Este manual incita a jóvenes y a adultos a colaborar para que estas cosas se hagan y estos compromisos se consoliden.

 

Acerca del autor de la reseña: David Burin. Comunicador social. Autor de los libros “Hacia una gestión participativa y eficaz” y “Desarrollo Local”. Documentalista y productor de material educativo gráfico y audiovisual. Temas de interés: comunicación educativa, desarrollo local, economía social, gestión de proyectos socioeducativos y productivos, participación social, diversidad cultural.

 

 

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